Por Iván Arenas, especialista en minería e hidrocarburos. Es probable que este período de tiempo aparezca en los libros de historia en los próximos decenios. Los historiadores del futuro posiblemente lo denominarán como la “era del cobre” o la “era de los minerales”; semejante a la “era del guano”, que es como la historiografía llama a ese período que va desde 1840 hasta 1876 aproximadamente. Basadre diría que hubo una “prosperidad falaz”. Importante quedarnos con ese término. El Perú no puede tener otra “prosperidad falaz”, esta vez en la “era de los minerales”, necesarios hoy más que nunca para la transición energética y la cuarta revolución industrial. Ahora observen este dato último publicado por el Instituto Peruano de Economía: el valor de la producción/exportación del oro ilegal/informal superará en el 2026 al oro legal/formal y llegará a pasar los US$16.000 millones. El número, sin embargo, se queda corto porque allí se deberá añadir el oro que no es registrado por Aduanas ni Sunat y el valor del cobre ilegal/informal que transita por la nueva ruta del corredor minero del sur (¡y el carbón en el norte!). Nadie se atreve a dar una cifra exacta. Miren este otro dato para comprender la dimensión de la minería ilegal/informal: el Perú en el 2026 proyecta una producción/exportación minera por un valor de más de US$100.000 millones; y la ilegal/ informal (cobre, oro o carbón) sería más o menos US$20.000 millones, casi un quinto. Para evitar una “prosperidad falaz”, el país requiere un pacto de Estado, un gran pacto político por la minería moderna, formal y legal, que hoy representa la gran oportunidad para pasar del crecimiento al desarrollo. Este acuerdo deberá tener en cuenta varios temas, entre ellos el combate total a la minería ilegal y su infiltración en la política y la economía. Un sociólogo diría que si uno se fija bien la explosión de la minería ilegal/ informal ha organizado un Estado paralelo, con sus normas y procedimientos.