Por Juan Pacheco Romaní, presidente de AFIN. Desde hace tiempo venimos hablando de destrabar proyectos, instalando mesas de seguimiento e intentando parches normativos para "avanzar", lamentablemente sin el éxito esperado. Mientras tanto, la ejecución se vuelve cada vez más compleja y la ciudadanía sigue esperando por agua potable, conectividad, salud o transporte de calidad. "El sistema está hecho para trabar", se suele repetir como una condena. Pero aceptar eso implica reconocer que el enfoque actual es equivocado. Si el Perú quiere cerrar su brecha de infraestructura, no necesita más normas de "destrabe", que solo atacan los síntomas de un problema, sino una verdadera simplificación normativa y procedimental de raíz. Destrabar es remediar el pasado; simplificar es construir el futuro. Producto de la desconfianza estructural, el Estado ha erigido una muralla burocrática antes de mover la primera piedra: duplicidad de autorizaciones y supervisión, exigencias superpuestas y una proliferación de entidades opinantes, con criterios discordantes y sin articulación ni plazos reales. Esta atomización de la gobernanza dificulta la gestión de cualquier proyecto. Y aunque fortalecer el servicio civil es indispensable, de nada servirá si los funcionarios deben operar dentro de procedimientos desprovistos de racionalidad.