El Perú siempre ha sido un país minero, tal como lo atestiguan los admirables artefactos preíncas que hasta hoy deslumbran por su fino trabajo en cobre, oro y plata. Nuestros antiguos artesanos moldearon objetos decorativos y religiosos que son un testimonio innegable de enorme riqueza cultural e histórica. A finales del siglo XIX, la Segunda Revolución Industrial impulsó a las grandes potencias a buscar cobre, mineral indispensable para fabricar motores, cables y generadores en los albores de la masificación eléctrica. En esa época llegaron al Perú empresas británicas para operar los yacimientos, las cuales luego fueron reemplazadas por capitales estadounidenses. Los precios del cobre y de los minerales peruanos en general han atravesado diferentes ciclos económicos durante el siglo pasado. Sin embargo, a partir de la década de 1990, con el despegue de China como potencia mundial, el metal rojo se convirtió en un recurso altamente cotizado y estratégico. Hoy, el mundo experimenta una transición impostergable hacia las energías limpias. La electromovilidad y la veloz expansión de los centros de datos para la inteligencia artificial exigen un uso intensivo de minerales, especialmente de cobre. En paralelo, la incertidumbre internacional generada por los conflictos en Medio Oriente impulsa la venta del oro como el principal activo de refugio financiero. En este contexto, y gracias a las reformas económicas implementadas en la década de 1990, el Perú se ha consolidado como un exportador de primer nivel, rubro en el que destacan netamente los minerales. Según la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE), las ventas del sector sumaron 49,584,000,000 de dólares en los primeros siete meses de este año. Esto representó un notable incremento de 55.4% respecto al mismo periodo de 2025.