Por Luis Miguel Castilla, presidente de Hágase Instituto. La inflación global está presionada por el alza del diésel. La guerra en Medio Oriente y los ataques ucranianos a refinerías rusas redujeron las exportaciones de crudo y derivados de ambas regiones. De los 4.6 puntos de inflación que registró Lima en septiembre, el 45% se explica por la subida en los precios de los combustibles y el transporte. La inseguridad energética se paga sobre todo en la inflación, es decir, en el pasaje, en el transporte de los alimentos y en la canasta de cada familia; y asegurarse cuesta una fracción de esa factura. A pocas semanas de las elecciones legislativas en Estados Unidos, el presidente Trump enfrenta precios del diésel en máximos históricos y evalúa restringir sus exportaciones. Como las reservas de diésel de ese país caerían a su nivel más bajo desde 2003, cualquier limitación se sentiría en todo el mundo. Los países que importan diésel quedan expuestos a precios más altos de un combustible que mueve el transporte, la agricultura, la minería y la industria, y que es difícil reemplazar en el corto plazo. El efecto llega a las economías por la inflación y por mayores costos de producir y comerciar, de modo que depender de importaciones y de reservas escasas deja menos margen de acción a las autoridades. En el Perú, esa exposición coincide con la llegada de El Niño, que comenzará a afectar el suministro de alimentos y el costo de la canasta básica. (Edición domingo).