Por Iván Arenas, especialista en minería e hidrocarburos. Hagamos un alto a la lectura de los resultados de las elecciones regionales y municipales. Vayamos de la coyuntura a la estructura. En el mundo cada vez más se habla y se escribe sobre “seguridad energética”. En el Perú, la clase política en general apenas toma nota de que somos un país vulnerable. Somos un país –que a pesar de sus diversos y amplios recursos energéticos– donde la “seguridad energética” es una debilidad estructural. Observen el siguiente dato: el Perú produce 35.000 barriles de petróleo al día, pero requiere 320.000 aproximadamente. Más del 80% del petróleo consumido en el país es importado, estamos –en consecuencia– a merced de la incertidumbre geopolítica mundial y de las cadenas de suministro globales. En la matriz energética nacional, el petróleo y sus derivados, principalmente importados, representan el 45% del consumo de energía en tanto que el gas natural, producido en el Perú, es alrededor del 34%. Somos –vale repetirlo– un país vulnerable. A ello le sumamos que –al ritmo del consumo actual– las reservas de gas solo garantizarían el suministro de 13 a 14 años si no invertimos en reponer las reservas como lo hacen los países productores con visión de futuro. El Perú podría ampliar sus reservas probadas de gas con inversiones en exploración. Solo un ejemplo: se calculan recursos por alrededor de 20,4 TCF en la cuenca de Madre de Dios.