Por Jorge Toyama Miyagusuku, socio de Vinatea & Toyama. El ENFEN prevé que el actual fenómeno de El Niño se prolongaría hasta mediados del otoño del 2027, con probabilidad alta de una magnitud extraordinaria entre septiembre 2026 y enero 2027. Para un CEO, esto supone priorizar decisiones: cómo proteger a los trabajadores y sus familias, cómo sostener la operación y cómo hacerlo sin romper la caja. En conversaciones con varios CEO, dichas preocupaciones aparecen estrechamente relacionadas. La historia explica la urgencia de actuar a tiempo. Según datos oficiales, El Niño de 1982-1983 dejó pérdidas cercanas a US$ 3,300 millones y más de 1.2 millón de afectados. El de 1997-1998, generó daños por US$ 3,500 millones, golpeando en cadena a varios sectores productivos y el transporte. En cada episodio, el daño no se limita a las instalaciones: alcanza a los trabajadores, sus familias, sus viviendas y otros. La lección es clara: prepararse siempre cuesta menos que improvisar. Cuidar a la vez a los trabajadores, sostener el negocio y cuidar la caja es muy difícil y debe traducirse en acciones inmediatas: equipos organizados, recursos asignados y medidas de prevención en marcha. Una empresa puede tener sus instalaciones aseguradas, los inventarios protegidos y una ruta alternativa para despachar; pero si sus trabajadores y sus familias resultan impactados, igual necesita un plan de asistencia y bienestar.