Por Martín Mejía Del Carpio, director general de Cálidda. Una de las mayores preocupaciones que enfrentamos desde hace varios años, y cada vez con más frecuencia, es el fenómeno de El Niño. Se trata de un evento climático que eleva la temperatura del agua en el océano Pacífico y desencadena fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo. También puede dañar nuestra infraestructura, sobre todo en la costa, por los deslizamientos de tierra que provocan las intensas lluvias. De acuerdo con el Climate Prediction Center de la NOAA, este año esperamos un “Súper Niño”, cuyas consecuencias ya sentimos en el Perú. En condiciones normales, la electricidad se genera primero con fuentes renovables que hoy se ven afectadas por el clima: las centrales hidroeléctricas (agua), eólicas (aire) y solares. En 2025, estas fuentes produjeron el 63% de la energía que consumimos en el país, y la generación termoeléctrica con gas natural cubrió el 37% restante. Solo cuando alguna de estas fuentes falla, el sector eléctrico tiene que encender la “reserva fría”, que genera con diésel, y eso eleva los precios de la electricidad. Desde julio, hemos tenido que recurrir a la generación con diésel. Por eso, el costo marginal de la energía, que normalmente oscila entre 25 y 35 US$/MWh, hoy supera en promedio los 100 US$/MWh. Si además se pronostica que este fenómeno será cada vez más frecuente, debemos buscar nuevas fuentes de generación eléctrica que no se vean afectadas por estos eventos. Una opción es incentivar nuevas centrales de generación que no dependan del clima; promover la conversión o la entrada de nuevas centrales a gas natural. Pero esto debe ir de la mano con incentivos a la exploración de gas natural, como ya hemos mencionado, en Cusco o Madre de Dios existe un alto potencial que requiere de decisiones del Poder Ejecutivo.