Por Martín Tanaka, profesor principal de la PUCP e investigador en el IEP. En mi columna del 2 de junio de este año, decía que, “si bien Fuerza Popular es sin duda el partido político más sólido [...], en realidad es una amalgama de intereses y visiones bastante disímiles, cohesionados detrás de un liderazgo [...] que ha sabido sobrevivir adaptándose de manera pragmática a las circunstancias, pero sin un rumbo programático o ideológico claro [...] primará la continuidad respecto a los últimos años, pero muy probablemente también veremos dudas, incoherencia, marchas y contramarchas en la conducción gubernamental. Estas tensiones se harán más pronunciadas a la luz de la composición del Congreso. Fuerza Popular necesita del apoyo de Renovación Popular para formar mayoría en el Senado, pero en Diputados necesita además del Partido del Buen Gobierno o de algunos otros”. Ya habíamos comentado también anteriormente cómo la conformación del Consejo de Ministros resultó desconcertante y que tendría una curva de aprendizaje que haría relativamente lenta la aparición de resultados concreto s respecto de las demandas ciudadanas. Esto se expresó en la demora en la presentación del pedido de facultades legislativas y en sus características, así como en el intento, en la práctica, de atribuir a la demora o a la no aprobación completa del pedido de facultades la explicación del escaso dinamismo en la gestión. La verdad es que el gobierno no está siendo capaz, hasta el momento, de aprovechar al máximo el arsenal de prerrogativas y capacidades que tiene como Poder Ejecutivo para desarrollar iniciativas eficaces, especialmente en el campo de la lucha contra la criminalidad.