Por Juan José Marthans León, economista del PAD - Escuela de Dirección de la Universidad de Piura. Primero, hoy en día el crecimiento del PBI debe verse desde una perspectiva quinquenal. El 2026 y 2027 serán años en los que debemos enfrentar el impacto del fenómeno de El Niño y, paralelamente, en los que debemos diseñar y emprender la ejecución de reales reformas estructurales. El 2028 debe ser identificado como el año del “rebote económico” y, finalmente, el período 2029-31 como el del crecimiento abierto y más sostenible. Segundo, nos hemos preocupado, en demasía, por proyecciones anuales. Hacia inicios del presente año, el MEF estimaba que nuestro PBI crecería 3,2%; con el impacto de El Niño, 2,5%; y si se deteriorara el entorno geopolítico internacional, que llegaría a 1,6%. Tercero, concentrarnos en una proyección bianual 2026-27 sería más útil porque el efecto de El Niño afectará ambos años. Eso es lo único cierto del entorno que tenemos hasta hoy. Asumiendo que el entorno sociopolítico nacional y el frente geopolítico no se deterioren, existe consenso de que podríamos crecer un promedio anual de 3% en el bienio.