Por Joswilb Vega, Chief Investment officer de Profuturo AFP. El ENFEN advierte que este año coincidirán dos fenómenos. El Niño costero –calentamiento del mar frente al Perú y Ecuador– tiene 88% de probabilidad de alcanzar magnitud extraordinaria en octubre y 85% en noviembre, manteniéndose hasta enero del 2027. Ahuyenta a la anchoveta y trae lluvias intensas a la costa norte y centro. El Niño global, en el Pacífico central, registra 80% de probabilidad de intensidad muy fuerte en octubre y 85% en noviembre. Su impacto directo sobre los Andes provoca déficit de lluvias en la sierra centro y sur, donde se ubican las principales hidroeléctricas. En 1983 ambos eventos convergieron: hubo sequía severa en el sur, inundaciones en el norte, derrumbes en el centro y colapso pesquero. El PBI cayó 10.4%. Esta vez, el BCR proyecta que El Niño restará apenas 0.9 puntos al crecimiento y que la economía se expandirá 3.2%. ¿Cómo puede un evento de potencial similar o mayor costar tanto menos? Primero, la energía. En 1981, el 88% de la electricidad provenía de centrales hidráulicas. Cuando la sequía golpeó en 1983, la producción de electricidad y agua cayó 16%: colapsaron embalses y caudales y, sin energía, se paralizaron fábricas, negocios y hogares. Esa dependencia explicó buena parte del impacto devastador de El Niño. Camisea cambió el panorama. Su gas llegó a Lima en el 2004 y la capacidad del gasoducto se multiplicó por cinco, de unos 300 a más de 1,500 millones de pies cúbicos diarios. Hoy genera entre un tercio y casi la mitad de la electricidad, según la coyuntura hídrica, y respalda un sistema de unos 14,500 MW de potencia instalada, donde solo 37% es hidroeléctrico. Aunque el agua todavía aporta cerca de la mitad de la energía, ya no está sola: Camisea es el gran estabilizador energético del país y permite absorber mejor un Niño de esta magnitud.